lunes, 16 de enero de 2012

ALGODONAL

Una zanja, fosa abierta
a golpe bestial de arado,
mira su propio sepulcro
a los pies del camposanto.

La primavera agotada
ha recubierto el sembrado,
y el cielo obliga a la tierra
a esperar lluvias en vano;
la condena a sol y viento,
a hacer de lecho áspero.

Han dejado unas palomas
puntos quietos en los campos:
copos brillantes de nieve
en matas de verde agrio.

Unos tiesos eucaliptos
corean con verde llanto
un extenso algodonal
que tiende al cielo sus brazos.

Antonio Macías Luna
Castilblanco (España), 11/10/1999